No obstante esta tipografía, usada hasta la saciedad cuenta con un gran número de seguidores y detractores entre los mejores diseñadores.

La Helvética representaba la apartición de un estilo propiamente suizo en los años 50, como respuesta a la necesidad de modernizar y conseguir unos tipos legibles y un ideal compartido.
Wim Crowell, diseñador neerlandés, considera la importancia de la claridad, el hecho de ser directa, legibilidad, orden y su mantenimiento a lo largo del tiempo. Por ello la empleó de forma continuada en sus trabajos, ya que, a su parecer, la importancia se halla en el contenido del mensaje y no en el tipo de letra.
Su origen es bien conocido por personajes como el diseñador británico Mathew Carter o el propio hijo de Edward Hoffman, Alfred, quien conserva aún un gran número de documentos relativos al origen de la Helvética. El primero considera la enorme dificultad que supone diseñar un tipo de fuente, asegurando el gran papel que desempeñó Hoffman en la creación del nuevo tipo. Originalmente conocida como Neue Hass Grotesk, acabaría por ser denominada Helvetia, ya que, como recuerda el tipófilo Otman Hoeffer, director de Marketing de fuentes de la biblioteca Lynotype. Sin embargo, este nombre no llegó a cuajer ya que Hoffman consideraba que no podía denominarse un tipo de letra con el nombre de un país, dando lugar al actual. Así se iba a convertir en la tipografía de Suiza por excelencia.

Para Michael Bierut, diseñador estadounidense, la aparición de la Helvética fue algo extraordinario. Hasta entonces se empleaban fuentes que asemajaban la escritura manual, pero sin un criterio más o menos homogéneo. La nueva fuente aporta entidad, claridad, eficiencia y limpieza. Según él, la Helvética lo dice todo, frente a otras tipografías que únicamente pueden encasillarse en un determinado rol.

En el lado opuesto a Bierut, y a otros autores que defienden este tipo de fuente se encuentra la estadounidense Paula Scher, que considera que se ha convertido en una pesadilla debido a su uso masificado. Considera que poco aporta de cara al individualismo, tanto del producto como del propio creador. Así pues es necesario encontrar un tipo de letra para cada caso.

El británico Neville Brody, creador de uno de los tipos más extendidos en los últimos tiempos, la Typeface Six, considera que el tipo de fuente empleada en un determinado trabajo es extraordinariamente importante de cara al resultado. Cree que la Helvética es una tipografía sublime, equilibrada, redonda. No obstante, cada mensaje requiere un tipo de letra adecuada.
Lars Muller va más allá y emplea el término Capitalismo tipográfico para definir el uso masivo de esta tipografía.

David Carson afirma en relación a un diseño acertado se basa en la necesidad de buscar el tipo de letra adecuado para cada mensaje a transmitir. Ha de ser claro, simple y limpio, lo cual no significa que haya de ser obligatoriamente aburrido.
Fotos tomadas en los siguientes enlaces:
Massimo Vignelli
Michael Bierut
Stefan Sagmeister
Neville Brodi
Paula Scher
Leslei Savan
David Carson
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