Nacido en Santander el 17 de febrero de 1930, sintió de forma temprana una inclinación hacia las artes plásticas lo que le llevó a estudiar Artes y Oficios y realizar posteriormente estudios de Bellas Artes en Madrid que no llegará a concluir. De regreso en Santander, se incorpora a los círculos artísticos y literarios de la época. En 1951 realiza su primer diseño de cubierta, es para el libro de Manuel Arce Carta de paz a un hombre extranjero, editado en Santander, en la colección Flor.
Tras estudiar en la Escuela de Ulm, dirigida entonces por Otl Aicher y heredera de la Bauhaus alemana, donde entró en contacto con el diseño suizo y el estilo internacional, cuyas características estructurales y eficacia comunicacional influirán de forma decisiva en su obra. Posterioremente, ya en España se dedicó al diseño de discos, pero en 1966 comenzó a trabajar primero realizando trabajos como freelance, hasta llegar a ocuparse de la dirección artística, para Alianza Editorial, donde entró de la mano de su compañero Javier Pradera, y donde desarrolló su obra más conocida como diseñador gráfico: las portadas de la colección El Libro de Bolsillo. Además de su trabajo editorial en Alianza, durante todos estos años Gil realizó también colaboraciones en otras editoriales como Península, Euros, Helios o Mondadori, y Siglo XXI, así como carteles políticos, o de cine, en películas como Los Días del Pasado de Mario Camus


En cuanto al tratamiento tipográfico, Gil no se limitó al uso sistemático de la tipografía sin serifa, sino que experimentó con todo tipo de tipografías. También en cuanto a la complejidad conceptual de sus imágenes en forma de poemas objeto, podemos hablar de fuertes influencias del Surrealismo y el movimiento Dada de postguerra. Ello revela que un gran observador y estudioso de los movimientos artísticos y de vanguardia, y su obra está plagada de guiños a todas estas tendencias.
Otro de los aspectos que influyó decisivamente en su obra creativa fue la experiencia sociopolítica que le tocó vivir durante su estancia clandestina en la Unión Soviética. La represión ejercida durante el período stalinista le llevó a abandonar la militancia en el Partido Comunista y a adoptar actitud crítica y comprometida acompañarían para siempre su visión del mundo. Estas palabras del propio Daniel Gil definen su postura política en este aspecto, “Yo he sido rojo, pero no me siento especialmente orgulloso de ello. Ya ni siquiera lo soy: ahora no soy nada. Lo que sí conservo es una cierta mentalidad de izquierdas que me hace tomar conciencia de lo que me rodea.”

La inspiración para la creación en Gil era algo innato, respondiendo posiblemente a reflexiones profundas en torno al libro. Los objetos más comunes adquirían en sus manos un profundidad simbólica y metafórica sin igual. Curiosamente la mayoría de estos objetos Gil los adquiría en El Rastro Madrileño. Con ellos creaba auténticos poemas visuales, con los que supo conectar con la sensibilidad del lector de la España de los años 60. La necesidad de la esperanza, el brillo de la inteligencia y la sonrisa cerebral en aquella época no eran un capricho intelectual, sino una necesidad. Un comercial le dijo en una ocasión que sus portadas eran demasiado cultas a lo que Gil respondió que eso para un libro no estaba nada mal.
En el taller de trabajo de Daniel Gil en Alianza se guardaban todos los objetos y artefactos que utilizaba en sus cubiertas, dejando a todo visitante impresionado.
Daniel Gil falleció en Madrid, el 14 de noviembre de 2004. En 2006, la escuela de Arte Diez recibió de la familia de Daniel Gil como legado del diseñador, su biblioteca personal, dossier de presa, fotografías, objetos, collage, cubiertas de libros, carteles y materiales de trabajo.
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